Con tanto candidato, más que un tuitero propuso un debate en la red de Twitter. Aunque tiene su gracia (no solo se publica un texto de 140 caracteres sino también existe la posibilidad de responder preguntas o insultos si uno quiere) sería imposible manejar un debate presidencial con un mínimo de seriedad, por la simple razón de que se sobrecargaría de preguntas. Tema que no está mal en sí ya que actualmente se demuestra un gran interés por parte de los usuarios de la red en relación con el tema político. Y habla muy mal de lo
A esto se agrega que el debate real, ocurre todos los días donde un candidato es otro más en el flujo del murmullo en Twitter. Tanto Marco Enriquez-Ominami y Pamela Jiles responden consultas e ideas que le llegan a diario en la red. Los equipos de Piñera, Arrate y Frei intentan hacer lo mismo pero se cae en el clásico problema de identidad cibernética: la autenticidad.
Más que colgarse de un proceso comunicacional que se construye entre todos los usuarios en twitter, como lo ha hecho un diputado designado recientemente para generar algo de cobertura de prensa sobre su persona, sería mucho más potente que TODOS los candidatos -si así lo estiman necesario- no solo informen sino además, conversen con las personas que le hacen preguntas en twitter.
Resulta asimismo, ridículo poner un plazo a los candidatos para que se incorporen a una idea que logísticamente no está resuelta, por muy acostumbrado que uno esté a ejercer presión. Una medida típica de la politiquería criolla, of course. Basta con leer os posteos en twitter...




