25.5.09

Generación VIAGRA

Apropos las supuestas fuentes de juventud que son los actuales políticos chilenos y llamadas a su retiro digno (estamos que te hacemos caso Correa), recordamos la siguiente hipótesis que craneamos una fria noche de octubre de 2007. Creemos que se acabó el stock de Viagra en Chile. No hay duda.

"No sé en qué momento Chile pasó de ser un país de mitómanos entretenidos a un país de siúticos aburridos, pero estoy casi segura de que la culpa la tiene la Generación Viagra.

Tampoco sé qué tipo de medicamento circulaba por el agua durante el verano del 68, pero estoy casi segura de que ha producido severos efectos secundarios que necesitan de un amplio y colectivo soporte vital. Vale decir, quien poco o nada tuvo que ver con los acontecimientos del país en las últimas cinco décadas, debe soportar el somnífero político a cucharaditas. Y pagar caro por lo mismo. Sin consulta previa.

Fácilmente se puede reconocer a un personaje que pertenece a la Generación Viagra por la gran cantidad de ‘ausencias’ y su invasión vitalicia del espacio político. A esta figura le hace falta la creatividad, la locura, la simpatía, el ánimo, las sonrisas, el tiempo, las ganas, la sensualidad, la generosidad, el cuerpo y la regeneración. Lo único que le sobra es su ambición por llegar a la eternidad mediante la lógica del olvido y el agotamiento del espectador.

La acción desmemoriosa por excelencia ha operado bajo la tónica de interminables discursos racionales donde nos hacen creer que alguna vez tuvieron una vieja bandera de lucha pero que ahora está completamente sepultada porque “el pasado, pasado está” y lo único cierto es el futuro. O la muerte, cualquiera que llegue primero.

No obstante, la vieja forma de despistar de la Generación Viagra comenzó a mostrar claras señales de desgaste y nuevamente el mercado rescató al grupo de la capa caída. Con el lanzamiento de una idea nueva, o, si se quiere, una píldora más eficaz, se inició el mejorado encandilamiento de la ciudadanía. Con pocas ganas de asumir su estado de tercera edad y para complicar el juicio público, se inculca hasta el cansancio que ya “todo es posible”. Ha llegado a tal nivel que el ‘levántate Lázaro’ de un jerarca militar, se convirtió en un ejemplo digno de lo meramente posmoderno chileno. Tal momento histórico concluyó por enésima vez la ‘transición’ y se clamaba que Chile estaba ad portas de una renovación.

Debo reconocer que estaba casi seducida cuando irrumpieron unos cuantos rostros ‘nuevos’ en el escenario nacional. Sin embargo, me di cuenta de que la novedad tenía gusto a añejo e intuía que lo novedoso era una imitación rebuscada de lo anterior. Es más, y con horror, me percaté que no era más que una mala imitación de un modelo ya bastante tedioso.

Pero la imitación en si no es algo nuevo para la nación. Chile se proyecta al mundo como un producto digno del País de las Maravillas. Tanto así que Alicia estaría completamente convencida de que no existe uno, sino múltiples conejos que inventan nuevas formas de vivir y nuevas formas de consumir. Y que son todos chilenos.

O peor aún. Macondo -lugar tan especial en la mente latina- se traslada a duras penas a nuestro chilito local. Pedazos más y pedazos menos quedan a la vista y paciencia de la venerada opinión pública. Fue tanta la ansiedad de figuración –’Imagen País’ la llaman los entendidos- que se trasladó un pedazote de hielo hasta el lugar de nuestra Madre Patria no más terminando la dictadura. Así, Chile se lanzaba al mundo con su no-política pública gubernamental y se instalaba la amanerada versión criolla de ser refinado sin requisito de ‘tener’ mundo.

Chile se convirtió en un espacio de sueños que podían hacerse realidad con tal que arribaras a un Santiago con rascacielos, visitaras las praderas del sur, el encanto del Norte, la cordillera nevada, lo exótico de las islas, y uno que otro río apto para el pescador aficionado. También podías llevar a tu casa un extracto del país si sólo comprabas el vino, las uvas, los tomates, los arándanos, las manzanas, los limones, las corvinas y las machas.

De los payadores, las diferentes culturas o las temporeras poco o nada se supo.

La píldora Viagra era tan poderosa que todos se autoconvencen de que con tal que se importe las carteritas más elegantes y caras del mundo civilizado, Chile avanza a pasos agigantados.

Nuestros gerentes -eufóricos con la píldora- hace tiempo comenzaron a hablar en spanglish para educar a las masas y desde entonces, no han parado de mencionar ‘el crecimiento económico’. Además, se recalca en tono serio a quien quiera escuchar, que es absolutamente necesario que nada remezca el buque estrella, ya que cualquier tipo de escándalo puede tener resultados nefastos para la vida de cada ciudadano. No hay duda que estamos en pie de guerra porque siempre está en juego la Imagen País.

Ni siquiera el clásico “qué pensarán los vecinos…” se ha salvado, porque Chile se cambió de barrio sin avisarle a nadie y a sus nuevos vecinos solamente les preocupa que no bajen el nivel social de la pobla.

Y claro, resulta todo muy positivo y productivo. Porque con la posmodernidad metida en el país, podemos por fin agregar ‘casi desarrollado’ y podemos anhelar de ser miembro de los clubes más exquisitos. Codearnos con las superpotencias y compartir los canapés sin masticar con la boca abierta. Y lo que antes se llamaba -con algo de cariño- abuelitos, podrán reinar for ever si se administra un poco de Viagra política cada cierto tiempo.

Pero tanta elegancia aprendida tiene su precio y la sobredosis tiene sus consecuencias.

La satisfacción de la ciudadanía se ha manejado a punta de polvos artificiales. Y sólo podemos concluir que una vez que se acabe la Viagra, la Imagen País se verá seriamente afectada. Lejos quedará la eficiencia política dopada y sólo permanecerá un leve recuerdo de una generación que intentó con todos los mecanismos pirotécnicos posibles llamar la atención, sólo para camuflar su condición de baja “performance”.

Lamentablemente, ni con Viagra la cosa se puso más divertida. Es que para pasarlo bien es necesario ser “creativo”.

Publicado en Revista ANALISIS (10.12.2007)

7 comentarios:

betzie jaramillo dijo...

muy bien montse querida....

Tomas Bradanovic dijo...

¡jajaja que manera de reirme! no lo había leído completo, bueno, bueno

Christian dijo...

Será coincidencia, pero los chilenos residentes en Viena, ya hace años q viven en un lugar q llaman Macondo. Pero no hay muchos gerentologicos gtes.maestros de la magia política, del tipo ilusionismodeltesaquelabilletera. Más bien gente común q se fué pensadno q allá estaría mejor, en algunos casos becados por "aquel" y otras de patuos no más. No e sgente de hablar difícil, más bien es la pobla trasladada a la refinada sociedad centroeuropea, Amsteten incluida.

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